Lala, junto al nenúfar artificial, bien se lame. Una levísima tonalidad rosácea sobre mi pera. Lo que permanece, un roce. Lala escondida detrás del lavarropas, chiquita, yo le tenía miedo, la veía tigre. Lala triunfante, uñas largas, aroma a gato: no le corto las uñas, no la someto al agua. Lala muerdepiés. Todo se lo perdono, la lluvia de pelos, el olor a pis, los muebles raspados, porque un día, cuando me dijeron "No quiero ser tu novio", lloré y Lala se recostó sobre mi falda soñando que me defendía con arañazos como estocadas. Ahora Lala escondida bajo la cortina, su cola sobresale mientras yo agazapada, en mi nadie interior, cierro los ojos y me imagino, zas, cuerpo presente, descascarada, voilá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario