Esto no es poesía. O sí. Traslado los discos de mi abuelo, los ordeno: saxofonistas, trompetistas, bateristas, guitarristas, clarinetistas, vibrafonistas, cantantes, orquestas. Pero las categorías se superponen y mi cabeza estalla. Siempre que los ordeno redescubro música. Me gusta tanto. Sí, esto es poesía. Mi álbum triple de Jelly Roll Morton, el café con leche, Robert Crumb con su mujer Aline sobre la mesa. Mi casa patas para arriba, mi corazón también. No tengo dinero, pero tengo un palo de lluvia, una kalimba, un instrumento japonés, la guitarra desafinada, pintada de azul. Y una gata, Lala, un poco histérica, lamemanos y lamepiés, que duerme todas las noches junto a mí y me observa despertar. Oh, no estoy sola, alguien me observa despertar, mi gata, miau, ella me besa. Oh, Jelly Roll Morton, te escucho, soy esto, tengo esto para compartir. Historietas y novelas decimonónicas. Jelly, Lala, Gato, Paca, somos nosotros, el escuadrón solitario, la comunidad del seronoser. Listones, flotamos a la deriva. Mi corazón y yo acá, somos dos y nadie. Me llamo Clara.