No hay frontera
que explique
por qué
por qué
nuestra lengua
no muere,
ni el tiempo
la moldea,
ni los bárbaros
la acechan.
O por qué
si no es el tiempo,
no muere,
ni el tiempo
la moldea,
ni los bárbaros
la acechan.
O por qué
si no es el tiempo,
ni Atila
desde adentro
que machaca
que machaca
los sonidos.
Somos vos y yo,
decimos puñal
y empuñamos,
uno desde el mango,
el otro sobre el filo,
el otro sobre el filo,
hasta el fondo,
una y otra vez,
una y otra vez,
esta lengua
que es hermosa
y permanece.
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